6 de abril de 2009

HOMENAJE A JUAN JOSÉ ARREOLA: EL ÚLTIMO JUGLAR


Señores, es de Zaplotlán El Grande, maestro de los maestros, maestro esencial de cualquier escritor, último juglar como lo bautizó su hijo, bibliografía fundamental en la literatura hispana del siglo XX, creador de un estilo inconfundible.

Arreola habla como escribe, es una de las palabras más precisas, más justas, autor de verdaderas obras magistrales.

La primera vez que lo leí me impresionó, entendí que la literatura se reinventa, no tiene fin y si lo tuviese Arreola le pondría el punto final, aunque él se negaría.

Nació en 1918, al estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen como lo dice en Confabulario.

Editor, carpintero, ajedrecista, actor, jugador notable de ping pong, conocedor de vinos, telas y la sastrería más fina.

''Soy un joven soñador que quiso ser bueno y que deseó poseer la palabra".

“Una última confesión melancólica".

"No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla”.

“Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu”.

''Yo soy un desollado vivo".

Metáfora que dibuja la hipersensibilidad a flor de piel del escritor cuya obra consta de pocos, pero esenciales títulos dentro de la narrativa.

Desdeñoso de las circunstancias históricas, geográficas y políticas, Juan José Arreola, en una época de recelosos y obstinados nacionalismos, fijó su mirada en el universo y en sus posibilidades fantásticas; aunque nació en México en 1918, pudo haber nacido en cualquier lugar y en cualquier tiempo: Jorge Luis Borges.

Este hombre no nomás nos enseñó a escribir, primero nos enseñó a leer: Juan Rulfo.

Es una hormiga león, si son las hormigas león las que hacen un embudo en la arena para que sus víctimas resbalen al fondo, cuatro palabras y zas, adentro, pero vale la pena ser comido por usted: Julio Cortázar.

Juan José Arreola era, sencillamente, el espíritu de la época de principio de los años 70: Federico Campbell, Antonio Alatorre, Beatriz Espejo y Felipe Garrido.

La Feria me parece un libro maravilloso, creo que el tiempo demostrará que es una de las grandes novelas del siglo XX, es el retrato de una sociedad con cortes internos, es un coro de voces pueblerinas, la expresión de un sentido del humor beligerante, es perfecta en su ritmo de confluencia de voces, tenderete el petatete altarete al camisón: Carlos Monsiváis.

Fue el creador, por no decir el inventor, de los talleres literarios en México: Federico Campbell.

Un gran encantador de serpientes, un histrión, un actor inaudito, lleno de recursos, que cautivaba a sus escuchas y los hacía olvidar su entorno cuando tomaba la palabra.

¿Verdad que este hombre era un genio?: Enzia Verduchi, Beatriz Espejo.

Deja fluir su imaginación, para deleite suyo y para deleite de todos: Jorge Luis Borges.

Es un escritor de primer orden mundial el que hemos perdido: Augusto Monterroso.

Los cuentos de Arreola son verdaderos poemas en prosa: Octavio Paz.

Prosista maestro, de la poesía toma las imágenes, si se quiere, el mecanismo que las produce y encadena, y se atiene para situarlas en la frase, a la estructura íntima y peculiar de la prosa: Javier Martínez Palacio.

En la prosa de Arreola, la poesía, marginal, excéntrica, es el eje donde giran la imaginación y la maestría de su escritura: Raúl Bañuelos.

Su maestrí­a verbal, se disfruta más si esos textos son leí­dos en voz alta: Carlos Monsiváis

“Y me despido de ustedes con el corazón en las manos… hay perdón ¿Dónde está mi corazón? Se me perdió hace tanto tiempo, que ya no sé ni cuando”.

Gracias, de verdad muchas gracias.

*Este texto lo realicé el día de su aniversario luctuoso: 3 de diciembre de 2008.

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