30 de noviembre de 2009

Hace 21 años


Hace 21 años la historia de muchas causas, la añoranza del cambio, confabuló un movimiento, donde la vía armada estaba quedando atrás, el camino se percibía distinto pero muy riesgoso a la vez; las garantías de juego las ofrecía el stablishment, y a pesar de esto se aceptaron las reglas del discurso democrático que siempre cautivara al revolucionario.

Al frente del movimiento progresistas de carrera, dirigidos por un líder a veces tradicional, a veces carismático, que agrupa un Frente Democrático Nacional con un apellido tan respetado que aun es un referente de cambio.

La historia siguiente ya es más conocida, parte de uno de los hechos más vergonzosos y viles de la historia mexicana, fue la destrucción de la esperanza democrática, el aparato mostró de nuevo su mano dura y ceguera.

Pero no fue un golpe para la izquierda, fue un golpe para México, fue el declive del partido gobernante, fue también la perdida de legitimación del presidente, es decir (en ese momento mucho más) del Estado.
En 1997 es parte de la transición democrática, heredero del 2 de octubre, la reforma del 77 y a 1988. En ese año el PRI perdió la mayoría absoluta en el Congreso de la Unión y la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, para que llegara el esperado Tlatoani.

Después de 1997 el PRD se atrincheró en el Distrito Federal, no pintaba en el gran resto de la república, de ese momento al 2006 no generaba a nivel nacional más de un 15% en las elecciones, los ideales del verdadero cambio empezaron a tomar tufos demagógicos y la sociedad confió en un cambio pero por el otro extremo, la derecha.

Está demás hablar del 2006, ya todos sabemos que pasó, o cuando menos tenemos una versión de los hechos. Lo que es innegable decir, es que ha sido uno de los grandes y pocos momentos del PRD, y fue tan grande porque el movimiento era del pueblo, la esperanza renació como lamentablemente siempre sucede en México, mediante un personaje.

Las disputas que se han venido produciendo, no son las disputas que tradicionalmente suceden en los movimientos que se dicen de izquierda, discusiones ideológicas y plurales. No, no son esas, son disputas por un botín, por un negocio, por un presupuesto. Negocio que no ha podido levantarse electoralmente.

He escuchado que le quieren cambiar de color al PRD, buscando un acercamiento con sectores lejanos. Me parece una desición lamentable, un análisis superficial, entonces ¿cómo llegaron a dos elecciones tan disputadas? la cuestión es recordar cuáles fueron los ideales y principios en 1988 y preguntarse si son los mismos ideales que se respiran en el PRD actual.

Concluyo diciendo que, no considero mejor opción que la democrática, y no veo posición mejor que la izquierda progresista, sin duda la historia mexicana nos ha demostrado que la lucha liberal ha ganado, y no dudo que otra vez se repita otro triunfo para los liberales, pero este no ocurrirá si el partido que representa esos ideales tiene vendados los ojos.

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