27 de julio de 2011

Mestizaje e Identidad en América Latina




El americano se siente europeo por su origen, pero inferior a éste por su circunstancia.
Se transforma en un inadaptado, se considera superior a su circunstancia
e inferior a la cultura de la cual es origen.
Siente desprecio por lo americano y resentimiento contra lo europeo.

Leopoldo Zea.


Cuenta la leyenda Tolteca, que el soberano Topilzin al tomar el mando adopta el nombre de Quetzalcóatl como veneración al dios creador de la humanidad, asimismo, tras un trágico suceso, Topilzin ahora llamado Quetzalcóatl, tuvo que abandonar Tula, recorrió el Altiplano Central hasta llegar a Coatzacoalcos, donde se embarcó y partió por el mar prometiendo volver junto con sus hermanos, seres blancos y barbados igual que él.

En un periodo posterior a la civilización Tolteca, cuando los mexicas fundan Tenochtitlán en 1325, adoptan la filosofía, los ritos y los mitos cosmogónicos de aquellas culturas fundacionales de Mesoamérica, entre ellas la leyenda del regreso de Quetzalcóatl.

Siglos después, antes de la conquista española, comenzaron a ocurrir ciertos presagios que vaticinaban la caída del gran imperio Azteca. Moctezuma quien gobernaba en ese momento, no estaba cierto de qué sería lo que provocaría la caída de su imperio, hasta que un día fue informado de la llegada por las costas del Golfo, “de unas como torres o cerros pequeños que venían flotando por encima del mar. En ellos venían gentes extrañas de carnes muy blancas, más que nuestras carnes, todos los más tienen barba blanca y el cabello hasta la oreja les da… Tal noticia despertó la angustia de Motecuhzoma y movido a temor envío mensajeros y dones a quienes creyó que eran posiblemente Quetzalcóatl y otros dioses que volvían, según lo anunciado con sus códices y tradiciones”. (Portilla, 1959, p.15).

El encuentro con aquellos seres que al poco tiempo se supo que no eran dioses sino una invasión, ocurrió en diferentes zonas del continente que empezaba a conquistarse, diferentes culturas e imperios fueron sometidos, unos tardaron un poco más que otros, pero finalmente fueron conquistadas todas las grandes civilizaciones, de lo que hoy y gracias a un político francés del siglo XIX, conocemos con el nombre de “Amérique latine”. (Marras, 1992, p.15)

Sin embargo, América Latina es el resultado del encuentro entre dos mundos, como se le ha llamado después de quinientos años, asimismo, lo que se constituye como Latinoamericano es el resultado del mestizaje. “La Malinche estableció el hecho central de nuestra civilización multirracial, mezclando el sexo con el lenguaje. Ella fue la madre del hijo del conquistador, simbólicamente el primer mestizo. Madre del primer mexicano, del primer hijo de sangre española e indígena”[1]. (Fuentes, 1998, p. 124).

Los conquistados recibieron la categorización de indios, raza distinta a la blanca de los conquistadores, y así como con la Malinche, muchas otras mujeres de todas las latitudes americanas, en primera instancia, procrearon la mezcla entre dos razas, entre dos culturas tan distantes como los continentes, como el lenguaje y como sus dioses. El mestizaje crea, convierte y une, pero también recodifica; sincretizó dos filosofías, sin olvidar que una se impone a otra y sólo queda una cosmovisión. Es así que el mestizo será el soporte del sincretismo, mientras la cultura precolombina decae al igual que su cosmovisión.

Aquella mezcla entre razas, aquel mestizaje, se reconoce a sí mismo ante la existencia del otro, quien(es) “son aquellos cuyas opiniones sobre nosotros internalizamos. Pero también son aquellos respecto de los cuales el sí mismo adquiere su carácter distintivo y específico” (…) “Por consiguiente, identidad en un sentido personal, es un hecho que el individuo presenta a los demás y que los demás le presentan a él”. (Larrain, 2004, p. 45) Esa identidad personal, se convierte en una identidad colectiva, las dos identidades están interrelacionadas, no puede haber una sin la otra.

Los individuos se definen en sus relaciones sociales y la sociedad se reproduce y cambia a través de las acciones individuales. Las identidades personales son configuradas por las identidades colectivas culturalmente definidas, pero éstas a su vez no pueden existir separadas de los individuos. (2004. p.50)

Dicho proceso constructor de la identidad del latinoamericano, se sitúa en el periodo de la colonización de América Latina, debido a que la identidad colectiva está dotada por un sistema de creencias actitudes y comportamientos, los cuales fueron elementos impuestos en el periodo colonizador. La Colonia fue un periodo largo, exhaustivo, de sangre y cruz, doloroso, determinante en lo que ahora somos. Como sabemos, “la producción histórica de América Latina, comienza con la destrucción de todo un mundo histórico, probablemente la más grande destrucción socio-cultural y demográfica de la historia que haya llegado a nuestro conocimiento”. (Quijano, 2008, p. 155)

Sin embargo, como se ha comentado, y ante esa imposición-adaptación, se construye una identidad que en un largo proceso, como fue la colonización, deriva en el proceso histórico del periodo de independencias en América, que resulta del mestizaje y la identidad de una nueva raza, de su expansión, es también la consecuencia del debilitamiento de la Corona española en Europa, de la Ilustración, entre otros factores, además, comienza la idea de nación y nacionalidades, del ciudadano; todo lo anterior son “vínculos de homogeneidad cultural. Su característica principal es el sentimiento del nosotros colectivo”. (Recondo, 1997, p. 115)

Estas ideas adoptadas, se utilizan para derrotar al español en ese periodo independentista y al mismo tiempo, al tomar su posición heredan y se benefician los mestizos, caudillos, dictaduras, gobiernos democráticos y los presidencialismos, de la colonialidad del poder.

Es cierto que en la actualidad, ese sentimiento del nosotros colectivo ha permitido la unidad nacional de los países latinoamericanos, actualmente las naciones son solidas y se identifican, sin embargo Latinoamérica es heterogénea y en esta identidad latinoamericana hay un mundo indígena, hay una total resistencia desde la conquista, hay un reclamo por su tierra ancestral, que primero fue arrebatada por el español y después por el mestizo, con el que se ha interrelacionado, se han adaptado pero siempre bajo las condiciones del mestizo, que han obligado a concentrarse en las regiones más desprotegidas e incomunicadas. El mestizo latinoamericano se comporta como conquistador. Los movimientos de reivindicación indígena, así como el EZLN en México, entre muchos otros, han mostrado la cara de ese eurocentrismo.

Esa relación indígena-mestizo, dificulta el proceso de identidad en América Latina, debido a que si bien el mestizo se benefició y tomó el control que antes tenían los españoles en América, los mestizos a diferencia de los españoles nacieron en América y además provienen de la mezcla entre español e indígena.

Las discusiones referente a la existencia de una filosofía latinoamericana, además de ser filosofía, constituyen esa fuerza desde los más profundo, que ha sido aplastado por esa modernidad, pero además, hay reclamo e identidad en la construcción de una filosofía latinoamericana que cohesione y que haga de Latinoamérica una sola raza, la quinta raza como diría Vasconcelos, aquella que por su fortaleza y evolución cultural, su mestizaje y aceptación del otro, se impondrá ante la raza hegemónica, la sajona que ante el pecado de haber exterminado a las culturas existentes en la conquista de Norteamérica, y por su hermetismo ante la mezcla, están destinados a desaparecer.

Una de las grandes paradojas que tiene Latinoamérica, es ser inmensamente rica en sus recursos naturales, mientras su población es tremendamente pobre, esa paradoja es impuesta, precisamente por la modernidad.

Hay también un bloque de países que se oponen en ciertos sentidos a ese eurocentrismo, la izquierda política ha pintado un gran sector de Latinoamérica, lo cual no nos debería de sorprender si se conoce la historia del continente, sin embargo, también están los países que siguen manteniendo dependencia a Estados Unidos, países que permiten que el modelo hegemónico norteamericano, colonial, se mantenga en la zona.

Esa resistencia también nos muestra que América Latina se encuentra despertando, los estudios latinoamericanos van en aumento, esa construcción de pensamiento teje una visión latinoamericanista y que digámoslo, es dispar entre los países de la región y en sus procesos históricos. Ese pensamiento, es el que podrá independizar a Latinoamérica.

Una de las características que inevitablemente se tienen que valorar para lograr esa identidad latinoamericana, está por encima de sus gobiernos, Latinoamérica se identifica por su historia, por su padecimiento, casi en su totalidad por el idioma, su religión, por su espacio, su multicultularidad, y su literatura, la cual ha tenido un significado de gran relevancia para el pensamiento latinoamericano, como decía Julio Cortázar (1977) al referirse al Boom latinoamericano, “en un momento histórico para América Latina, en que está dominada por un imperialismo que la quiere convertir un una fabrica o colonia, aparecen cinco seis u ocho excelentes escritores, lanzan un montón de libros y de golpe crean un estado de conciencia que abarca todo el continente” y además esa conciencia se consolidó porque el latinoamericano se empezó a leer y a recomendar, se identificó en las novelas de la dictadura, en la geografía de macondo o buscando empleo como traductor de francés en el centro histórico de México.

Reconocemos las ideas del escritor como propias, porque padece un contexto similar y compartimos la misma historia, eso entonces, cohesiona e identifica, además, genera confianza en el nosotros colectivo porque citando nuevamente a Cortázar, leerse a sí mismo es un acto revolucionario. De esta manera la búsqueda de la independencia latinoamericana comienza por identificarnos, esto se logra al leernos y pensarnos.






[1] Nota: La intención de dicha cita, es para poder ejemplificar el nacimiento y representación del mestizaje, más allá de saber quién fue realmente el primer hijo entre español e indígena. Sin embargo, se le reconoce a Gonzalo Guerrero ser el padre del mestizaje, debido a que naufragó y llegó a las costas de Yucatán en 1511. Se aculturalizó, tuvo familia y peleó contra los conquistadores años después.


Referencias.
Cortázar, Julio. Entrevista a Julio Cortázar, En A Fondo. España, Radio Televisión Española 1977. Disponible en: http://video.google.com/videoplay?docid=-3562250863327291954
Fuentes, Carlos. Vida y muerte del mundo indígena En el Espejo enterrado. México, 1998 p. 124.
Larrain, Jorge. Identidad y modernidad en América Latina. México, Océano, 2004. pp. 45,50.
Marras, Sergio. América Latina, marca registrada. Buenos Aires: Grupo Editorial Zeta, 1992 p.15.
Portillo, Miguel. Primeras noticias de la llegada de los españoles En La visión de los vencidos, México, Universidad Nacional Autónoma de México. 2007 p. 15.
Quijano, Anibal. Don Quijote y los molinos de viento en América Latina en Revista Ecuador Debate, Quito, Núm. 73, p. 155. Disponible en: http://www.flacsoandes.org/dspace/handle/10469/1757
Recondo, Gregorio. Lapasión latinomaericana por la identidad y su problema. En Identidad, Integración y Creación Cultural en América Latina. Argentina, UNESCO, Fundación Editorial de Belgrano, 1997 p. 115.

3 de julio de 2011

2 de Julio


Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio
Octavio Paz.


Fue la primera vez que voté en una elección para presidente de México, sin embargo, sabía que no sólo se elegía una candidatura, también se jugaba la continuidad de un proyecto que había desaprovechado los índices de legitimidad del 2 de julio de 2000, para poder reformar aquellos problemas y conflictos que habían llevado a nuestro país a severas crisis sociales, económicas y políticas. Era momento de cambiar, si la sociedad había cambiado de partido político, también esperaba un cambio en el actuar del gobernante, es decir, un cambio de rumbo.


El país fue entregado al gobierno de transición, junto con enormes listas y agendas de complicaciones, se entregó un paciente enfermo. Uno de los virus fue la cultura política, la del fraude, corrupción, compadrazgo, nepotismo, corporativismo, influyentísimo y todo delito o acción que permitiera mantener al régimen posrevolucionario; que lograra el equilibrio de un sistema autoritario basado en la hegemonía de un partido oficial y principalmente del presidencialismo.

Este presidencialismo, evidentemente, permitía al presidente imponerse ante cualquier otro poder y además designar a su sucesor. Con este método, se había finalizado con los constantes asesinatos, golpes de Estado y dictaduras que marcaron el rumbo político del siglo XVIII y principios del siglo XIX de nuestro país. Es decir, tras el gobierno de Lázaro Cárdenas, los sexenios nacen y se convierten, como lo han llamado algunos historiadores, en una presidencia imperial.

De la siguiente manera, todo aquel que tuviera y expresara sus aspiraciones para contender por la Presidencia de la Republica y no fuera el designado por el presidente en turno, estaba destinado al fraude, en el mejor de los casos a competir con una profunda desventaja ante el candidato oficial, pero siempre, en riesgo la seguridad personal y de sus allegados.

Para ejemplificar algunos episodios del siglo pasado, se encuentra la elección de 1929 que documenta el fraude a José Vasconcelos, también en 1940 el fraude a Juan Andrew Almazán, en 1988 el fraude a Cuauhtémoc Cárdenas. Todos ellos fueron oposición a la candidatura oficial. Sin embargo, ese aparente lapso de democracia entre 1940 y 1980, no fue así, sino los años de mayor poder del régimen posrevolucionario, de aquella dictadura perfecta como acertadamente se ha definido. Para evidenciar lo anterior, menciono por ejemplo, la nula apertura democrática en la elección de 1976 en donde el candidato oficial, José López Portillo, de forma inverosímil no tuvo contendientes.

Retomando al paciente, esa cultura política permeó al gobierno de la alternancia ante la falta de un proyecto estructural, al ser una cuestión cultural, no era suficiente cambiar de color. Las víboras, tepocatas y las arañas se quedaron.

La coyuntura política, mostraba elementos que permitían impulsar reformas sustanciales, y en el peor de los casos, propiciar un clima político favorable para generar condiciones de cambio. Sin embargo, sólo quedó en los spots, de la campaña del candidato ganador. La voluntad era accesorio en su vestuario, la visión del personaje, fue un espejismo por lo árido de nuestro sistema político, deslumbró a unos más que a otros, pero a todos resplandeció la posibilidad de la alternancia e ingenuamente se pensó que la alternancia venía junto con una transición democrática o con la solución de esos problemas que nos mantienen en una situación constante de crisis, pero también es cierto, que setenta y cinco años del régimen posrevolucionario asfixiaban, y aquel o aquello que tuviera más posibilidades de propiciar una puerta de salida, tendría el inminente respaldo social.

Asimismo, la estructura política no se reestructuró, se movieron cabezas y otras permanecieron, se consolidaron aquellos poderes que por su naturaleza tendían a ser fácticos, muchos de ellos, apoyaron la candidatura de Vicente Fox, obligándolo a recompensar ese apoyo con estímulos fiscales, concesiones y todas aquellas facilidades que retribuyan económicamente al benefactor.


Es decir, por un lado se mantuvo la estructura y liderazgo de instituciones, sindicatos y organizaciones afines al PRI, en la mayoría de los casos pertenecientes a ese partido. Por otro lado, tomaron mayor fuerza aquellas empresas privadas que apoyaron la candidatura panista. Por último, la ineptitud del gobierno fortalecía dicho escenario. Dando como resultado un enroque en la cabeza de la estructura política del país, además de su debilitamiento antes los denominados poderes fácticos. Como diría el poeta José Emilio Pacheco: El que derrota al monstruo y ocupa su lugar se vuelve monstruo[1].

De esta manera, las condiciones para la elección de 2006 fueron particulares, se destaca el protagonismo e influencia que el sector empresarial tuvo antes, durante y después de la campaña política para desprestigiar al candidato del PRD, también las constantes intervenciones del gobierno federal que promovían el voto del candidato oficial, sin olvidar la documentada campaña de desafuero al candidato López Obrador, orquestada desde los pinos en contubernio con el líder del PAN Diego Fernández y por el ex presidente de México, Carlos Salinas.

La elección de 2006, se registra en la historia de los comicios, como una situación en donde decir que tal candidato ganó o que tal perdió, genera un inaplazable debate, donde cualquier posicionamiento se cuestiona y se pone en duda. De esta manera, un pensamiento colectivo generaliza la idea de una elección irregular, la primera del siglo XXI en nuestro país.

Es así que en mi primera elección se presentaban dos proyectos, en la esfera política electoral, de un lado la continuidad en la estructura política heredada por décadas pero pintada de otro color, con gran influencia de la clase empresarial y por el otro lado, un candidato de izquierda que había sido Jefe de Gobierno del Distrito Federal, en donde su trabajo y discurso lo posicionaron como el candidato de las grandes minorías, de los pobres decía él, sin embargo, también era visto como un obstáculo para los intereses de la estructura política y económica que se ha mantenido y ha sido heredada del PRI.

Los comicios de 2006, se presentaron en el marco de una campaña de desprestigio que polarizó a la sociedad, debido a que llamaba peligro para México a un candidato que de manera legitima y en virtud de las atribuciones que le confiere la ley, contendía de la misma manera, con los mismos requisitos y las mismas reglas que los demás, llamaban peligro para México a un candidato que había tenido el segundo mayor cargo de elección popular en nuestro país, es decir, aquella persona que no era un espontaneo se convirtió en un peligro y todo aquel que lo apoyara estaba apoyando un destino trágico.

En ese contexto acontecieron las elecciones, distinguidas por una sucia campaña mediática, que influenció y manipuló a millones de votantes, que tienen como único medio de información la televisión abierta, tomando cualquier contenido televisivo como verídico y sin poder contraponer los mensajes verticales de la televisión.

Esa polarización se desbordó el 2 de julio de 2006, las inconsistencias en el proceso electoral, la intromisión del gobierno federal, y la campaña negativa son también elementos que definen una elección. Además, el conteo de votos y registros compútales, presentó una curva atípica, un asombroso y estadísticamente improbable, registro de votos. La mancha del fraude pinto nuevamente la historia de México y el haiga sido como haiga sido se impuso.

La paradoja era que en campaña, acusaban al candidato del PRD de intentar implementar las prácticas priistas que llevaron a México a las crisis, siendo quien acusaba, el heredero de esas prácticas. Como he mencionado, los hilos del poder se han mantenido desde el PRI al actual gobierno, así que ese peligro que significaba el pasado priista, es el presente panista. Tan es así, que después de la elección se divulgaron videos en donde la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), impuesta por Carlos Salinas, se comunica con Eugenio Hernández gobernador de Tamaulipas y le pide que movilice el voto a favor del PAN. Lo anterior alimenta la idea de que el PRI y el PAN confluyen en un mismo fin de intereses.

Actualmente la polarización se mantiene viva, la izquierda política sigue siendo desprestigiada, y ante la fuerza de sus dos candidatos naturales para aspirar a las elecciones del 2012, se ha orquestado una constante campaña mediática en su contra. Por otro lado, aquellos que ante la falta de un proyecto de nación, de visión a largo plazo, de conciencia histórica, pero con el interés de mantener una estructura viciada, que les permita mantener sus intereses, vienen promoviendo la candidatura de un producto, con un disfraz de gobernador pero con un discurso y acciones de un candidato, es un personaje hecho a imagen y semejanza de los estándares publicitarios, es pues, un candidato en función de las leyes del mercado, para que represente y salvaguarde los intereses de un grupo político.

Hoy se cumplen once años de un hecho que parecía inimaginable, de una transición política que camina sobre la arena y sin rumbo, también se cumplen cinco años de la primera vez que voté, y casi los mismos de un país en guerra, con ciudades ingobernables, con un Ejecutivo Federal débil ante las circunstancias generadas por algo que pretende ser un proyecto y ante esta neblina, se vuelven a presentar los mismos proyectos que en el 2006, ahora con ligeros cambios, ya que en un nacional y propio olvido del pasado, el PRI se atreve a quitar paulatinamente la máscara que por miedo y por desprecio social se tuvo que poner, promoviendo y protegiendo los mismos intereses que impulsaron la candidatura de Felipe Calderón y asimismo se oponen a cualquier proyecto político que atenten contra el Status Quo, ese que nos ha mantenido en severas crisis por décadas.



















[1]Pacheco, JE. Poema: Dragones. En: El silencio de la luna (1985-1996).