13 de septiembre de 2011

Ser Sociólogo*



En la cultura Azteca los jóvenes se instruían referente a las artes del conocimiento, filosofía y religión en el Calmécac, también ahí se les enseñaba la tradición y la medición del tiempo. El paso por el Calmécac era el comienzo del camino que los convertiría en Tlamatinime, o lo que en nuestros días se conoce como hombres sabios, aquellos que entienden la relación e influencia entre el Yo y el todo, entre el ayer y el mañana.

La historia dejó atrás el Calmécac y trae la Universidad; es cierto que no son estrictamente lo mismo, sin embargo, el fin une: “la búsqueda de la explicación”.

Ahora en la Universidad el conocimiento está diversificado en ciencias, una de ellas es la sociología, perteneciente a las ciencias sociales.

Nosotros estudiamos sociología, y aceptarla como parte nuestra es, también aceptar las responsabilidades de aquel que entiende los por qué y los cómo del hombre entre sociedad, de su entorno, de lo cotidiano y lo ideal.

Sin embargo, en nuestro contexto esa responsabilidad se multiplica. Como sociedad vivimos en una etapa de transición, de reinterpretación, inclusive, dando paso a una nueva era.

Es así que al conocer las consecuencias de nuestras acciones, nuestro modo de actuar, es decir, nuestra participación en el entorno social, influenciado por cuestiones éticas y morales; tendrán que estar a la altura de las responsabilidades que trae el dinamismo social.

El sociólogo Wright Mills en La imaginación sociológica nos dice, “el investigador social no es sólo un hombre corriente. Su misma tarea trasciende intelectualmente el ambiente en que vive, y hace esto cuando examina el orden económico de la Inglaterra del siglo XIX o la jerarquía de posiciones sociales de los Estados Unidos del siglo XX, las instituciones militares de la Roma imperial o la estructura política de la Unión Soviética”.

Sin embargo, además de actuar con responsabilidad y ser en cierto sentido privilegiados socialmente, ser sociólogo, tiene que estar siempre acompañado de humildad.

Aristóteles decía: “los grandes conocimientos engendran grandes dudas”; y esa humildad en la frase, tiene que estar en aquellos que en cualquier medida sean poseedores de conocimiento. Además, esas dudas son el motivo para que avance el conocimiento, y es justificación de nuestra constante preparación y formación.

Ser sociólogo es utilizar la historia con la madurez de quien ve los sucesos como situaciones particulares, pero a la vez, como consecuencias generales, que observa a los personajes en su pasado y futuro; integrándolos para dejar atrás la historia de bronce. También debemos aproximarnos a los sucesos e imágenes, enfocar para analizar pero desenfocar para ver en perspectiva. Volver a la historiografía para tener visión ante la neblina de la desinformación, de la ignorancia, siempre buscando el bien común.

No debemos perder la autonomía moral y la racionalidad independiente, pues estos elementos nos darán la agudeza y certeza en nuestras decisiones, en nuestro actuar.

Ser sociólogo no es cosa fácil pero qué es fácil en nuestros días, asumamos pues el camino y oficio que hemos elegido. Citando nuevamente a Wright Mills “El trabajo intelectual es la elección de un tipo de vida tanto como de una carrera; sépalo o no, el trabajador intelectual forma su propio yo a medida que trabaja por perfeccionarse en su oficio; para realizar sus propias potencialidades y aprovechar las oportunidades que se ofrezcan en su camino, forma un carácter que tiene como núcleo las cualidades del buen trabajador”.

Concluyo diciendo: Ser sociólogo tiene que estar instruido por el ser sociológico, el cual se forma con los valores éticos y morales, con la responsabilidad social, humildad y todos aquellos elementos que aporten siempre en la construcción de una mejor sociedad.

















*Discurso ofrecido a mis compañeros de generación. Viernes 9 de septiembre 2011.